Carta de una maratoniana

Es época de Maratones y que mejor motivación para los que este fin de semana acometeis una que las palabras de alguien que ha conseguido acabar una hace poco.

En sus palabras sufrió y disfruto a partes iguales y con el cuerpo dolorido nos mandó lo siguiente para compartir con vosotros….

Carta de una maratoniana.

Hace unos días que terminé el maratón de Bruselas (6 de Octubre de 2019). Me gusta esta palabra porque puedes hacerla femenina “la maratón” o masculina “el maratón” y suena igual de bien. Me gusta está invención del ser humano, un montón de gente acuerda correr siempre la misma distancia 42 km y 195 metros. Cuando la corres, y ya puedo decir que sé lo de lo que hablo, compruebas que no es tan duro. Es decir, está sobrevalorado según lo mires. Cuando no corres dices “no sería capaz”, pero cuando lo haces sabes que cualquiera con una condición física normal y sana puede hacerlo. La clave está en la constancia, la fuerza de voluntad previa en conseguir el objetivo. Como le  decía el otro día a un tipo que parecía no funcionar más que en base a una supuesta libertad basada en la carencia de límites, (al punto de resultar disfuncional… consecuencia nada rara si se va así por la vida…), le dije: ¿sabes cómo he logrado correr 13 maratones? “porque salgo a correr también cuando no me apetece” y que lo podría extrapolar a muchas cuestiones de la vida. Incluso podríamos añadir… ¿lo que creo que me apetece en realidad me apetece? Y viceversa.

Durante mucho tiempo pensé que no me gustaba el deporte, que no reunía las condiciones físicas para realizarlo. Por circunstancias llegas allí… en mi caso me influiría ver a mi padre correr maratones, así como que en Madrid acabando en mi barrio, todos los 31 de diciembre veía desde pequeña como se realizaba una carrera de 10 kms, la San Silvestre Vallecana. Un día la corrí. Y ahora cada año lo despedimos así los amigos de toda la vida. Quise seguir corriendo porque me hizo sentir muy bien. En realidad es un hábito. Y algo que como dice el campeón del mundo de maratón, el atleta keniano Eliud Kipchoge:

“La autodisciplina consiste en centrarse y vivir de forma simple. El entrenamiento es importante, pero la pasión que pones en ello lo es todavía más. Tienes que creer firmemente en que eres capaz de conseguirlo y de correr esta distancia. Esa es la magia de un maratón.  Por eso sonrío. Disfruto corriendo maratones”

o como dice el novelista y maratoniano Haruki Murakami

“Me gustaría ver qué me va a pasar. He corrido maratones durante 36 o 37 años. Pero como estoy envejeciendo, empeoro; soy más lento cada vez. No importa. Quiero saber durante cuánto tiempo más podré correr y disfrutarlo. Muchos amigos lo dejaron porque les deprime. A mí no. Es la vida y quiero saber cómo sigue, qué va a pasar conmigo. Me entusiasma”

No puedo más que estar de acuerdo con estas afirmaciones. A veces me gustaría no tener miedo y probar miles de cosas. Otras veces considero que no es necesario hacerlo todo, que igual este siglo XXI nos impulsa en parte a una vida de “todo, todo el rato, cuanto más mejor”. No lo sé. O a lo mejor son simplemente diferentes formas de vivir. Correr es una de ellas. Me gusta también lo costumbrista y llano de hacer algo así durante mucho tiempo, continuar, por el puro placer de existir. Es irrelevante y a la vez todo lo contrario, hacer algo que no siempre podrás hacer. Tan inútil y tan trascendente. Y le agradezco al atletismo, entre otras cosas, permitirme ser la persona que hoy soy. Algo así es el sentido de correr. Estar con uno mismo, escuchar el cuerpo y la mente. Percibir las estaciones cuando se vive en la ciudad.

También me encanta la sensación de las semanas previas. Concentración. Ausentarme de los ruidos mundanos.  Y durante la carrera… Igual de esto hablo otro día.

(Laura Sánchez-Camacho Sanz. 9 de Octubre, 2019)

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